Circula un video en el cual la depresión se describe como si tuviéramos un perro negro encima que no nos deja respirar, ni subir la cabeza. La persona que lo tiene encima va aprendiendo cómo manejarlo y como vivir con él sin que le paralice su existencia.
Es una enfermedad: una que no siempre ha sido reconocida y tratada a tiempo como tal. En el Episodio de hoy un poco más de este tema. Te recomiendo el episodio de mi podcast llamado el Pozo de la Desesperación, en el cual podrás encontrar una historia real que tiene que ver con este tema.
Se considera que la depresión es la segunda causa de discapacidad en el mundo. Y que según cifras recientes hay unos 280 millones de personas lo están padeciendo en este momento. Los países con mayor índice de depresión. Son Australia, Estados Unidos y Reino Unido, y Brasil ocupa el quinto lugar siendo el primer país en la lista de países de Latinoamérica.
La depresión creció en un 25% en el tiempo de la pandemia y eso es importante tenerlo presente, porque hemos observado en nuestro Departamento de Cuidado Integral, de la Fundación Vínculo, poco manejo y procesamiento de ese trauma; muchos siguieron de largo y algunos se quedaron con sus duelos y pérdidas, sin procesar.
Muchas personas confunden la tristeza ante una situación o episodio con la depresión y viceversa. Están deprimidos, pero creen que solo es un episodio aislado de tristeza. Hay días que amanezco como bajita, sin mucho ánimo, o tardes en las que siento desánimo. Pero hay que aprender a distinguir cuál es la diferencia entre una tristeza y una depresión, o cansancio incluso.
¿Como la puedes distinguir?, bueno, si notas sentimientos de tristeza profunda, falta de energía, pérdida de interés en actividades que solías disfrutar, cambios en los hábitos alimenticios y del sueño, los cuales se experimentan gran parte del día, durante un periodo mínimo de 2 semanas, no debes dejar de poner atención a estos síntomas, porque lo que sigue puede ser una pérdida del sentido de vivir, cosa que nos reportan nuestros pacientes, y luego puede escalarse hacia una crisis de vida o muerte con pensamientos suicidas.
A veces las personas confunden también estos síntomas que son de la psiquis con problemas espirituales, porque no es tan fácil distinguir entre lo que les pasa a las emociones, el alma o al espíritu. Respecto a esto, lo que he observado es que se suele esperar demasiado para buscar ayuda o reconocerla como algo fisiológico. Se puede atribuir esos pensamientos a algo meramente espiritual. Somos un ser integral y si pueden estar conectados, los pensamientos, las tentaciones espirituales y las emociones de la psiquis, pero es un grave error esta confusión.
Mientras aumentan los casos de depresión aún en las comunidades de fe, también estamos viendo el aumento de las tasas de suicidio entre personas que han participado en ellas, lamentablemente, la mayoría jóvenes.
Es importante comprender que los trastornos afectivos son multicausales. Se hace un grave reduccionismo si se pretende comprender este tema desde una sola dimensión. Se deben también observar posibles causas en varias dimensiones además de lo espiritual. Hay que revisar los aspectos físicos, emocionales y relacionales.
Una persona enferma de depresión necesita comprensión y ayuda adecuada. Sí se puede evitar esa muerte lenta que te va quitando todo: tus relaciones, tus sueños, tus metas y hasta tu fe en Dios, y es muy importante pedir tu vida, especialmente en el momento en que aparecen pensamientos de muerte.
Esta semana fuimos testigos de un “suicidio asistido” en alguna parte de nuestra nación de una joven que padecía esta enfermedad. Lo preocupante es que ya haya legislación en algunas partes del mundo para que las personas con este trastorno puedan efectivamente cumplir sus deseos de morir. Debemos tomar muy en serio esta enfermedad y debes estar atento si tienes síntomas o si vez a algún niño o joven cerca de ti o a tu familia con depresión. No dejes que avance esta enfermedad porque puede ser fatal.
Me da esperanzas que el Rey David la experimentó de alguna manera, en esos momentos en que vio su vida en tanto peligro y se sintió oprimido por la persecución, el abandono, el rechazo y la soledad. Es que estos son malos consejeros. Él tuvo la capacidad de reconocer lo que le faltaba y decidió alzar su mirada al cielo en los momentos de angustia y la ayuda fue dada le fue dada; su clamor fue escuchado y Dios le trajo ayuda efectiva que lo rescató.
«Yo te amo, Señor, fortaleza mía».
El Señor es mi roca, mi baluarte y mi libertador;
Mi Dios, mi roca en quien me refugio;
Mi escudo y el poder de mi salvación, mi altura inexpugnable.
Invoco al Señor, que es digno de ser alabado,
Y soy salvo de mis enemigos.
Los lazos de la muerte me cercaron,
Y los torrentes de iniquidad me atemorizaron.
Los lazos del Seól me rodearon;
Las redes de la muerte surgieron ante mí.
En mi angustia invoqué al Señor,
Y clamé a mi Dios;
Desde Su templo oyó mi voz,
Y mi clamor delante de Él llegó a Sus oídos.
Es bueno saber que tienes un alto refugio para el día de la angustia. No dudes en buscar ayuda, en clamar. Él te puede liberar de esas redes y proveer la ayuda que necesitas.